Reseña

SILABARIO (AUTOBIOGRAFÍA CRÍTICA), GONZALO LEÓN/

PICANDO PIEDRAS (NOTAS DE LECTURA), JAVIER FERNÁNDEZ PAUPY.

Tammy Metzler
134 / 94 páginas

por HUGO HERRERA PARDO

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Tammy Metzler ―«editorial casera de poesía, narrativa, cómic y fanzines de Villa Urquiza que publica aliens desde 2012», según información que aparece en su web― presenta en una edición split los libros Silabario (autobiografía crítica) de Gonzalo León y Picando piedras (Notas de lectura) de Javier Fernández Paupy. Un cúmulo de condiciones enlaza a ambos textos y le otorga sentido a la edición conjunta, siendo quizás la más trascendente de estas el afirmar formas para expresar un soterrado tópico: la crítica es un modo de autobiografía. Ricardo Piglia lo expresó en un par de ocasiones, «uno escribe su vida cuando cree escribir sus lecturas. ¿No es a la inversa del Quijote?». Para tal efecto, tanto León como Fernández Paupy escogen formas que se caracterizan por situarse en el umbral entre lectura y escritura. León reorganiza presentaciones de libros, recensiones y relatos autobiográficos bajo el formato de entradas al estilo de un diccionario; Fernández Paupy, por su parte, explora una forma que hiciera célebre David Markson, las notas de lectura, forma que el escritor argentino entiende precisamente como «Subgénero de la autobiografía. Libro de uso personal para lectores. Reserva de impresiones sobre textos leídos, pensamientos, interpretaciones. Puede ser reflexivo, crítico o digresivo». Las últimas dos oraciones del pasaje anterior incluso pueden ser extensibles al propósito de León con Silabario.

Un efecto de este posicionamiento casi indiscernible entre lo que se lee y lo que se escribe es que los libros a los que se presta atención arrastran hacia otras lecturas, generan relaciones derivadas, siendo este otro de los modos articulatorios contenidos en ambos libros, porque como constata Fernández Paupy en cierto pasaje, leer es «escuchar con los ojos». La recensión se imbrica a la vida propia a partir de las elecciones de lectura y anotación, pero también en el establecimiento de un tono, en el encuentro de un ritmo (para Henri Meschonnic, de hecho, el ritmo «es organización de sentido en un discurso»). En su ensayo El mundo, el texto y el crítico Edward Said propuso el concepto de «mundaneidad» para pensar cómo los textos arrastraban consigo sus circunstancias, y una de las condiciones mundanas más sugerentes que arrastran estos dos textos es que sus anotaciones y lecturas pueden servir como pequeño mapeo de circulación editorial de los últimos años, sobre todo en Argentina. Para libros como estos en los que se exploran las pulsiones autobiográficas bajo formas distintas a otras más tradicionales como pueden ser los diarios de vida o libros de entrevistas, se pondría pensar un concepto con un funcionamiento similar al de «mundaneidad». Haciendo un juego con lo propuesto por Said, tal vez se podría imaginar algo así como la «intimeidad» que los textos que se sitúan en el límite entre lectura y escritura arrastran consigo.

Las entradas presentadas por Gonzalo León en Silabario tienen como material cuatro tipos de textos. Por una parte se encuentran algunas de las presentaciones de libros escritas por el autor chileno radicado en Argentina durante los últimos años, publicadas previamente algunas de ellas en revistas o blogs. Libros como el Borges de Bioy Casares (objeto de fascinación en el que coincide con Fernández Paupy. Otro: el célebre libro de Boswell sobre Kant), Off the road: veinte años con Cassady, Kerouac y Ginsberg de Carolyn Cassady, el Echeverría de Martín Caparrós, Cuentos selectos de Franz Kafka, Un año sin primavera: apuntes sobre la poesía y el tiempo que hace de Marcelo Cohen o Precisiones de Martín Cerda, texto este último que recuerdo haber escuchado en octubre de 2015 en una presentación realizada en la librería La Internacional de Buenos Aires. Otro tipo de material son las lecturas que se van aglutinando en torno a un tema y pasan a formar así pequeñas constelaciones textuales, como la entrada referida a la relación entre escritores y drogas o la entrada sobre piezas maestras de la autobiografía. Otras también muy sugerentes son las que le dedica a la relación entre literatura y migraciones, a los libros aparecidos en los últimos años que se han propuesto reescribir y desacralizar el Martín Fierro, la entrada sobre los malditos en la literatura o la relación entre ocultismo y literatura. Un tercer tipo de material son las recesiones sobre escritoras y escritores tales como María Luisa Bombal, José Bianco o Eleno de Céspedes. Por último, aparece también como material la intercalación de relatos de índole personal, como las entradas Pareja y Una autobiografía.

La idea de «catálisis» en Roland Barthes podría servir para ubicar en perspectiva la emergencia y recurrencia de la forma anotacional practicada por David Markson en su obra y que libros como este de Fernández Paupy o Apuntes para una historia de la poesía chilena de Juan Cristóbal Romero expanden. En su etapa estructuralista, y en el nivel de las funciones que desarrollan los relatos, Barthes distinguía entre los núcleos «cardinales», es decir la información más relevante tramada en lo que se relata y las «catálisis», mera información incidental. La forma anotacional puede ser entendida como el trastocamiento de esta relación, como la inversión de esta jerarquía. La información incidental, «el parasitismo de la anécdota» diría Fernández Paupy, fractura su histórica función subordinada y se autonomiza. El autor argentino realiza una leve modificación a la forma, cada apartado del libro comienza por un encabezado, una frase, especie de epígrafe que marcará el tono o tema de lo recopilado. Temas o catálisis autónomas que giran en torno a vínculos tales como fechas y libros, escribir y caminar por la ciudad, biografismo y autobiografismo, edición y publicación, coincidencias entre títulos de canciones y títulos de libros, anécdotas varias sobre traducción o dedicatorias, muertes de escritores, nombres de los animales de escritores, entre tantas otras. Cada apartado cierra con una imagen que guarda un sentido irónico con los temas que lo cruzan.

Entre medio de tantos apuntes, el libro va arrojando algunas notas con las que mantiene cierta relación especular. Por ejemplo, la siguiente: Viento del Noroeste, de Hugo Savino, novela de frases sobre la pasión de hacer fragmentos. Libro de notas sueltas. Ninguna pedagogía del realismo. Una novela del oído y del fraseo. Una suma de anotaciones que forman un poema en prosa novelado, no lineal, epigramático, discontinuo. Su divisa: «Anoto todo lo que anda dando vuelta». Otra nota: «una idea de la escritura como un medio no de explicación o comunicación sino de recuerdo de lo vivido». Una última que también puede ser extensible a la apuesta de León: «Importa poco no saber ubicarse en un libro. En cambio, desorientarse en un libro, como perderse en una ciudad o desviarse de un camino, es un trabajo de la experiencia». Silabario y Picando piedras son libros para desorientarse, justamente por su ofrecimiento de apuntes de lecturas que nos desviarán ―por curiosidad, interés o fascinación― hacia otras lecturas, hacia otras constelaciones textuales.

(Publicado en la edición de mayo 2019)