Reseña

LOS INTRASCENDENTES

SEBASTIÁN ALVARADO
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327 páginas

por HUGO HERRERA

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En un tiempo donde predominan las formas narrativas breves, se valora este esfuerzo de más largo aliento. Los intrascendentes intenta desplegar en sus más de trescientas páginas —de formato bastante ajustado por lo demás— una voz (la de Luciano) que se inserta y recorre durante el periodo de un año a una generación a la cual se le acusa, en palabras del mismo narrador hacia el final del relato, de no tener  "identidad ni ambiciones", de no proyectarse: "(…) que somos líquidos, que nada nos es propio, que no creemos y que no necesitamos creer. Nos acusan de liberales, de anarquistas, de nihilistas, de miserables, de ser personas que no empatizan con el prójimo, que no aceptamos ningún peso, que somos intrascendentes, abúlicos e intrascendentes, mundanos e intrascendentes, desperdicios al fin y al cabo. Abandonamos carreras, nos construimos sobre lo construido, destructores, monos armados con navajas, niños inconscientes a los que nada satisface, niños inmaduros que se pierden en la noche, que se perderán para siempre" (302). Sin embargo, la novela presenta serios problemas a nivel del vínculo que se establece entre narración y experiencia, problemas sobre todo formales.  “Los intrascendentes” es una novela dominada por una conciencia narrativa monológica, construida mediante una escritura que por lo general es descriptiva o notacional, lo que la torna una narración plana, en la cual no hay mayores tensiones temporales en el transcurso del año de duración del relato. Tampoco se le otorga densidad significativa a personajes secundarios, los que de esta forma no alcanzan a funcionar de contrapunto o a contrarrestar la voz dominante que se vuelve excesiva. Una posibilidad de haber mitigado en parte estos problemas hubiera sido incorporar a la estructura de la novela una mayor conciencia sobre la dimensión del registro discursivo, presentando, de este modo, a la escritura que se va realizando en el transcurso del relato, bajo la idea de diario de vida o de cuaderno de anotación. Este recurso, por lo demás, habría robustecido los momentos de tono más poético que contiene la narración, o las reflexiones sobre literatura o música, o también ese gesto que ocurre hacia el final del libro en el que la escritura construida queda definida retrospectivamente tras el anuncio del narrador a sus amigos de decidirse viajar a Argentina para escribir una novela sobre su último año de vida. En suma, una mayor apuesta por el dominio formal hubiera servido para potenciar la, por pasajes, desmesurada apuesta por la escritura presentada por Sebastián Alvarado en “Los intrascendentes”.

(Publicado en la edición de julio de 2018)