Reseña

La débil mental

ARIANA HARWICZ
Elefante
73 páginas

por MATÍAS ÁVALOS

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Lo que se cuenta en La débil mental es difuso, pero puede ser resumido como una mamushka formada por tres generaciones de mujeres que no están solas por estar consigo mismas. Para bien y para mal. Sin embargo lo que importa, lo que le importa a Ariana Harwicz según dijo más de una vez, es cómo está hecha y qué hace la autora en su segunda novela, donde continúa lo que ya hizo en la también publicada por Elefante, Mátate, amor.

El neobarroco es mejor en prosa que en verso. Además no es lexical sino sintáctico. No es que los poemas de Lamborghini o de Perlongher sean malos, pero su aporte conceptual es a la prosa. La asimilación no solo de rizar el riso, sino de explorar todos los huecos que se abren en cada posibilidad semántica sin truncar el sentido, fue mejor en la prosa. Pienso en La causa justa, de Lamborghini, o en las crónicas de Perlongher o Lemebel, donde la exigencia sintáctica del formato, en ambos casos, obliga a filtrar lo elemental del procedimiento.

A la protagonista de La débil mental la madre le dice en un momento: «Calláte, barroca. No seas chancha querés. ¿Te llamó, al menos? ¿Te consoló? ¿Te dijo, te amo? Ni siquiera. Y vos gimoteando de arrancarte no sé qué cosa y de la conciencia». La autoacusación de barroca la referí en el párrafo anterior. Subrayo arrancar y conciencia.

Para la primera sirve la frase que abre el libro: «No vengo de ningún lado». En efecto, acabada la inocencia lectora del siglo XIX la verosimilitud necesitó despojarse de los artificios que apuntaban al realismo. La historia de esta novela no busca mentirnos, la autora no está dispuesta a hacer como que todo esto pasa. Pasa en el lenguaje, que en estricto rigor es más bien un no-lugar (ningún lado). En ese sentido, en La débil mental cada palabra es arrancada por la palabra siguiente, lo que pasa es sugerido por las palabras, pero no en el sentido del significado sino otros más misteriosos. Una palabra sugiere otra palabra, a su vez esa sugiere otra y así durante una novela pulida como un hacha.

Harwicz hace pensar en poesía. Más específicamente hace pensar en una veta chilena muy explorada, pero con toneladas de material por extraer: Pablo De Rokha.

En una revista de Buenos Aires (Rapallo) apareció un artículo del poeta Gabriel Cortiñas que aborda el poema Suramérica (1927). Cortiñas alumbra algo del procedimiento de ese poema que me parece útil para pensar el procedimiento de Harwicz y mi tercer subrayado, la palabra conciencia. Dice que la multiplicidad de imágenes del poema tiene a nivel formal dos pliegues, uno sería una enumeración sin comas y el otro, que uso para pensar el tipo de conciencia que se devela en La débil mental, sería el de «una deriva semántica que no altera la sintaxis. A veces, a partir de algún nexo (coordinante o subordinante) y otras aprovechando la propia ambigüedad morfológica que presenta la lengua [...] Amparado en esa malla sintáctica, aquello que subordina (sea atributo u objeto) sorprende». Va un ejemplo en Harwicz:

«Me despierta el clic de una C11 Táctical equipada con rayo láser. O un olor a turba en el aire. O bardas de piedra y musgo. Me despierta un amor agridulce que no existe. No un amor, dedos larguísimos y salados. Restos de mierda de vaca en el aire. Me despierta la impresión de que todo el resto que no sea él eyaculando en mi culo, estorba. Mamá arriba de mí excitada y yo que la soñé aplastada por un coche con cambios automáticos. La conductora de lentes gruesos gritando entre sus órganos, qué horror, pero varias veces. Huele a gas. Lo echaron sobre el nido de abejorros, ahora las gallinas dan vueltas frenéticas. Me desmayo, mamá».

No una enumeración sino una sucesión de negaciones al término anterior («No un amor, dedos larguísimos y salados») junto con una expansión del sentido en los  nexos subordinantes («La conductora de lentes gruesos gritando entre sus órganos, qué horror, pero varias veces») más que sorprender hace aparecer algo que siempre estuvo ahí y pero de pronto nos deja pasmados. Así, así durante 73 páginas.


(Publicado en la edición de octubre de 2019)