Reseña

Gol de oro

NIBALDO ACERO
Los Perros Románticos
117 páginas

por CRISTÓBAL GAETE

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Un partido delirante es el que se juega en esta novela quebrada a partir del retiro de Carlos Cazely, el primero de los íconos que desfilará por este libro. Tras una digresión muy asimilable al juego biográfico, Acero explica su posición de líbero capaz de la patriada de llegar al otro arco en la cancha del barrio, que funda la voluntad de estilo para convertir el recuerdo en otra cosa. Entonces la voz narrativa da cuenta del partido desde el minuto 83, al que combina con la cronología anual chilena del siglo XX. Hay barricadas y lucha frente a un arbitraje irregular, que nos retrotrae a películas como “Escape a la victoria”.

Los 21 jugadores van tomando identidad, nombres de la resistencia o del horror bajo el arbitraje del historiador Gonzalo Vial. Los hipervínculos se suavizan con clásicas publicidades. Acero entrega a ese lenguaje manido el abismo de imágenes que suceden en la cancha, al que incluso se le otorga la responsabilidad de suspender el tiempo, lo que efectivamente sucede en los hinchas del fútbol en los últimos minutos del partido.

La hazaña está tan cerca y tan lejos, pero la suspensión funciona arriesgadamente mientras lo político va tomando predominancia. Aparecen mujeres como Gladys Marín y Sola Sierra empujando a la victoria hasta que la propia reserva renovada toma el poder, protegiendo el empate hasta que la pelota sale del Estadio Nacional, en que los balones de reserva son calaveras.

El pequeño intervalo antes del alargue implica un aire para fisurar la novela y recuperar la voz extraviada del comienzo, generando una autobiografía deportiva. Esta sección muestra la brutalidad del fútbol en el margen, que no se extravía por estudiar literatura en la UC. Acero cae en momentos de autocompasión y épica de la que se ha apropiado la transnacional, hasta que tuerce y marca su cuerpo y el de sus pares enumerando los abusos sexuales. Los códigos de un país son los que destrozan la novela, haciéndola personal y fuera de juego.

El alargue cumple con devolvernos a un partido del que sabemos el resultado. Si en esos minutos finales del tiempo reglamentario Acero se apropiaba del citado filme de Stallone y Pelé, esta vez es de un comercial del CDF que recorre Chile utilizando diversos escenarios geográficos. La pichanga se convierte entonces en movilización y el mismo deporte se opaca ante la interpretación política; todo lo que es tácito antes se vuelve explícito, quizá preso el narrador por la voz radial redundante, en la duda de que la literatura no sea suficiente. Y claro, no es suficiente, pero es en sí misma.

Amarilla merece el notorio descuido en la edición literaria y física. La primera, ensucia el libro con construcciones como “se da culturalmente por hecho”, el uso de términos como “trompadas” y el epígrafe de Bielsa mal cuadrado; la segunda, economiza el tóner excesivamente. No hay que ensuciar la pelota con estas cosas, más si en cambio la portada resulta atractiva y coherente con el libro.

No obstante estos detalles la patriada del líbero Acero se cumple a cabalidad: “Gol de Oro” es un faro. El autor acaba de escribir un libro notable en su uso de la memoria emotiva, mucho más hondo que los proyectos transnacionales e independientes que han instrumentalizado el deporte. El gran mérito es politizar la literatura y el fútbol en su sintaxis y realización, sublimando el deseo de los hinchas y jugadores amateurs, abandonando el narrar de manera efectiva para ahondar en la prosa; celebramos estas jugadas inútiles y hermosas, verdaderos goles de oro en una temporada triste para el fútbol chileno.

(Publicado en la edición de junio de 2018)