Reseña

Genealogía de la ferocidad. Ensayo sobre “Gran sertón: veredas” de Guimaraes Rosa.

SILVIANO SANTIAGO
Mímesis
154 páginas

POR Cristóbal Gaete

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En un cine, la imagen que nos hace ingresar a la experiencia es absolutamente negra, como lo es la portadilla de esta edición, intervenida con una cita a la referencia autobiográfica de Joao Guimaraes Rosa, que conocíamos en español por la edición que hizo la Universidad Católica de Valparaíso en 1972, en “Diálogos con América Latina”. Esa edición costaba una luca cuando la encontré hace años, y por harto tiempo costó lo mismo en los días en que salían de la bodega. Imagino arañas y otros insectos de la selva, en libros escondidos en cajas y subterráneos.

Y sí, eran arañas con veneno y tinta literaria trepando por el brazo de sus lectores hasta llegar a esta edición viñamarina, primera traducción del ensayo, clave para entender qué sucedió, cuál fue la recepción original a la novela  “Gran Sertón: Veredas”, publicada en 1956. Yo solo sabía que era una gran novela, pero este ensayo publicado en 1978 permite apreciar cuánto impactó la literatura brasileña, como si se tratara de un asteroide, un objeto capaz de atravesar las categorías, de confundirlas. De desatar envidias y declaraciones. Nada es mágico, enseña el anecdotario, fue una lectura creciendo porque es una literatura para siempre.

Santiago aumenta la percepción excéntrica de la obra, su carácter único y definitivo que hibrida la perspectiva regional y las vanguardias narrativas. Todo le sirve a un buen ensayista, que entiende su acción refractaria, que sólo existe para y por la obra, pero que le es fundamental, necesaria para establecerla, acompañarla, reinventarla para ser leída. Así, por ejemplo, ocupa para Guimaraes la categoría de Pound de inventor, la más alta para los creadores literarios. Creer en la obra como un acto de amor y literatura unidas; si el “Gran Sertón: Veredas” es para siempre, también lo será el primer ensayo que lo entiende. 

La edición agrega un texto breve de Marília Rothier Cardoso, “La traducción española de Gran Sertón: Veredas” (sin fecha), que reconstruye en la relación por correspondencia de Guimaraes Rosa con su traductor al español, el poeta Ángel Crespo, que muestra la voluntad poética de la traducción que fue reeditada en varios países desde 1967, justamente publicada al fallecimiento del novelista. Una versión como un ejercicio de variación, se reproducen líneas de prueba hasta que aciertas. Es, sobretodo, el intento de un poeta por dar cuenta de una narrativa que no le teme a ser poética, uno de los valores fundamentales del “Gran Sertón: Veredas”.

Arañas también son los conceptos y el diseño en este tránsito por el sertón. Conceptos que atraviesan y se repiten, como la domesticación de la lectura, que se cruza con el propio diseño con que debuta Mímesis. Bajo el follaje de las palabras de Santiago o Cardoso aparecen símbolos de la novela, animales, hombres, balsas, el río que altera el sentido de la página dividiéndola en columnas. Elementos no domesticados, y extraídos del trabajo del artista Poty Lazzarotto, hechas para una edición brasileña. Mímesis debuta rescatando esas ilustraciones para el libro, incrustando las notas al pie (que ya no son) en el momento de lectura que corresponden, cortando frases y dándoles un determinado espacio, lo que permitiría leerlas como otra capa del texto, otro tramado: palabras escogidas del “Gran Sertón: Veredas”.

La edición rompe los cánones, y en su riesgo siempre la querremos. Deconstruir formatos para revitalizarlos. Fiel es entonces como las palabras de Santiago al “Gran Sertón: veredas”. El sueño de una obra original es romperlo todo, el del ensayo, acompañarlo, pero ¿cuál sería el sueño de la edición que conflictúa sus normas?

(Publicado en la edición de octubre 2018)