LIBRES CREADORES

LA EXPERIENCIA DRAMÁTICA

SERGIO CHEJFEC
Kindberg
171 páginas

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SOBRE EL AUTOR:

Narrador y ensayista argentino. Vive fuera de su país desde 1990, año en que comienza a publicar una de las obras más particulares en español, que ha causado gran admiración entre destacados colegas y críticos como Enrique Vila-Matas, Alan Pauls y Patricio Pron. Es profesor en el Máster de Escritura Creativa en Español de la Universidad de Nueva York. En su narrativa destaca “Boca de lobo”, “Últimas noticias de la escritura” y “Modo linterna”. La editorial porteña Kindberg publicó el 2015 “Mis dos mundos” y hoy acerca “La experiencia dramática”.

Fragmento La experiencia dramática

A veces se internan en calles por las que nadie camina: un barrio de grandes galpones tipo industrial hace tiempo olvidados que muy de cuando en cuando reciben la visita de un auto. Son edificios gigantes y silenciosos, algunos con los ventanales rotos, gracias a los cuales aves de la ciudad y del extrarradio consiguen refugio. Los pocos vehículos que aparecen se mueven despacio, como si no llegaran a encontrar el punto de destino frente a la desesperante repetición de perspectivas y fachadas.

En esta ocasión Rose teme que terminen llegando a ese barrio. Sabe que la zona es una de las preferidas de Félix, y más de una vez ella ha dirigido los pasos de ambos, sin que él lo advierta, a través de calles que en cierto momento y sorpresivamente derivan en el lugar, provocando en Félix una reacción de sorpresa, obvio, y también de alegría, similar, piensa Rose, a los gestos de los niños inesperadamente recompensados. En gran parte debido a estas felices sorpresas es que Félix ha preferido desde un principio dejar los recorridos en manos de Rose. No solo porque están en la ciudad de ella, sino porque le gusta someterse a su iniciativa y adoptar una actitud de pasividad, es una especie de gratitud sobrentendida y en ocasiones anticipatoria de los premios que ella le depara. Pero ahora es distinto. En el barrio de los galpones Rose sentirá más frío, a parte llegarán ahí cuando haya anochecido. La belleza del lugar, ya es de por sí incierta y hasta equívoca, sabrá entonces replegado; en medio de la oscuridad nocturna podrán verse los reflejos medio inertes de luces esporádicas, muchas de ellas exhibiendo un extraño movimiento de sombras tras las zonas de estribaciones urbanizadas, dibujando con sus titilaciones nuevos pozos de oscuridad.

Y es precisamente este paisaje de desolación embellecida, unida al frío, el motivo de su resistencia, sencillamente porque no siempre tiene ganas de hacer un esfuerzo y descubrir lo bello en lo estropeado, o lo sugestivo en la devastación y el abandono. Muchas voces Rose prefiere caminar simplemente por sitios que no le demanden grandes esfuerzos para agregar, o anular, elementos o atributos al paisaje. Quisiera una ciudad o un barrio donde el panorama fuera elocuente sin buscar impresionar, a veces se siente cansada de prestar atención a los detalles. No le gusta considerar detalles ni pensar en ellos. A todos estos aspectos habría que sumar la actitud de Félix, quien frente a esos lugares de abandono cae en una especie de trance y se somete a un extraño sentimiento de inspiración elegíaca. Y no es que Rose tenga algo contra esos arranques, es más, la conmueven y los consiente con un poco de ternura, al fin y al cabo en la sencillez de la expresión de Félix, en su capricho estético, para decirlo de algún modo, ve un resto de inocencia, sino que simplemente siente miedo porque advierte que bajo los efectos de ese arrobamiento frente a lo despojado y lo ruinoso, ambos, Rose y Félix, están a merced del abandono y del peligro. Cree que la sensación de amenaza es inseparable de la experiencia de caminar de noche por esos lugares, aunque en personas como Félix el trance inspiracional derivado de esa caminata deja en segundo plano los riesgos y suspende el alerta frente a eventuales peligros. Cuando se lo ha comentado a Félix, su primera reacción fue de rechazo. Félix no niega la amenaza de un peligro real, sino que toma las prevenciones de Rose como remilgos un tanto triviales y básicamente incongruentes con la obvia dignidad del paseo. Por su parte, Rose no entiende que puede haber de malo en querer ser precavida.

Dice que si al cruzar cualquier calle tratamos de evadir el peligro de los autos y ponemos toda nuestra atención en ello, es natural estar pendiente de las amenazas cuando uno anda por el barrio de los galpones.

Félix tiene un punto de vista adaptivo, según el cual los individuos tienden a plegarse al ambiente circundante; a la pasividad cuando es pasiva y a la tensión cuando es tenso o activo. Por eso no puede estar alerta si alrededor suyo nada se mueve, aun cuando entienda que está rodeado, como se dice, de peligro. Incluso la renuncia, dice, como Rose puede imaginar, la momentánea y ridícula renuncia a la propia preservación con tal de vivir la experiencia prestada y sumergirse en lo desolado y ausente, tiene para él una intensidad que no puede compararse con casi ninguna otra cosa.

O sea que Rose no quisiera volver, por lo menos no en este momento, al área de los galpones ex industriales. Pero teme que Félix suponga lo contrario, acostumbrado a dejarse llevar por ella. Se ha desarrollado entre ambos una lógica combinada según la cual es uno el que conduce y otro el que sigue; sin embargo los roles a veces se suspenden, porque interviene un sentido común contrario al que guía a cada uno de ellos, o sea, en ocasiones Rose se pliega a lo que supone con casi completa certeza es el deseo de Félix, y otras veces Félix hace esfuerzos porque sus deseos sean percibidos por Rose sin traicionar con ello la división de roles acostumbrada.

En esta ocasión, de todos modos, Félix no advierte que se han acercado a la zona de abandono. Sigue pensando en el marido de Rose, piensa en sus temores, su debilidad, la curiosa entereza que lo anima, y si por algún motivo y de modo extremadamente vago comienza a intuir la proximidad de este barrio también lo asocia con el marido, quizá de una manera un poco enredada, porque ese lugar, ha pensado muchas veces, es el escenario natural y propicio para aquello que esconde de clandestino la relación entre ellos dos. Porque no solamente se trata de una trama oculta bajo otra evidente, de un transcurrir a espalda de lo aceptado, sino que el correlato físico entre lo prohibido y lo secreto, más bien lo oculto, de tan recto resulta casi previsible.

(Publicado en la edición de julio 2018)