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ENTREVISTA

Los procedimientos de Cynthia Rimsky

“No es que cierta literatura chilena sea realista sino que hay una tendencia, tal vez, por cuestiones del sistema liberal a ultranza, a quedarse en lo literal para construir libros legibles”

 

Todos los libros de Rimsky proponen un tránsito, desde Poste restante (2001), donde la nieta chilena de una familia de inmigrantes de Europa del Este encuentra en el Persa un álbum fotográfico que le entrega huellas frágiles de la memoria, motivándola a desplazarse al viejo continente en búsqueda de sus raíces. En su último libro, En obra (2018), una narración dual se mueve entre un cambio de casa en el Conurbano de Buenos Aires y una obra que no termina, traslapándose con la historia de un pueblo costero al oriente de una isla, recorrido por un visitante que busca las huellas de un tsunami. Es este desapego el que mueve a la escritora, la falta de anclas que perpetúen los gestos, el tiempo, las situaciones, el movimiento hiperactivo de lo que está vivo y que va a transmutar de una manera inesperada. Estas historias no son azarosas, cumplen con los complejos sistemas que urdió para ellas, que como orfebre funde, golpea y deforma el material, hasta tener una joya preciosa, incluso cuando su trabajo la hace apuntar hacia los márgenes de la literatura, más bien hacia los marginados. Rimsky, aun en un lugar de privilegio que la ha premiado y la propone como una de las grandes voces narrativas latinoamericanas actuales, no quiere acomodarse, muy por el contrario, sigue la búsqueda de incomodar la mirada, retorcer el relato hasta hacer que el lector dude sobre su seguridad, cuestionar la flexibilidad del lenguaje rompiendo las estructuras que lo mantienen, para fundar otras nuevas. El riesgo en su obra es importante, y la mantienen como una de las escritoras más ágiles y agudas de su generación.

La memoria y el recuerdo

Han ido cambiando a partir de Poste restante, donde el recuerdo estaba fragmentado, y eran muchos los espacios en blanco que me permitían construir un relato ficticio, construir lo real a través de la libertad de la ficción. A partir de ahí empecé un cuestionamiento respecto a la memoria y el recuerdo, en el sentido que tiene una fijeza, un fijar en, que me parecía que no me daba la libertad para crear. Por otra parte, empecé a cuestionar la noción de pasado, que uno siempre lo piensa como algo que pasó hace mucho tiempo, sin embargo, el pasado es el segundo que pasó, ¿no?, siempre es como presente. También empecé a leer y vino toda esa idea de la microhistoria, en el sentido que también la memoria era épica, de los vencedores, de los grandes temas, y la memoria pequeña eran netamente cosas muy fragmentarias y que había que construir a partir de sensaciones, como un trabajo de detective, de investigador privado. Ya en la última, La novela de otro (2004), no trabajé la memoria, sino que trabajé el olvido.  

Método

Trabajo con materiales documentales diversos, y la idea es irlos borroneando. Es como ir pasando un trapo con agua e irlos borrando, borrando y que aparezcan nuevas formas. Es lo que Saer dice, y también Piglia, de hacer cantar el material, o sea escuchar lo que ese material tiene que decir, pero poniéndole ciertos procedimientos donde esa escucha se vuelva confusa, dubitativa, vacilante.

Sensibilidad

Siempre trabajo un lado social, pero no a partir de la geopolítica sino a partir de las sensibilidades sociales. La idea básicamente es escuchar lo que está pasando, escuchar mucho, pero también tiene que ver con dónde tú posas la mirada. En general en mis libros poso la mirada en lugares que son muy descentralizados, le doy valor a lugares, personas, situaciones, a objetos que en general en la literatura no se los toma porque son poco importantes, o se supone que tienen poco que decir, o de eso no se puede llegar a temas más universales.

 

Personajes en tránsito

Tengo la sensación de que trabajo mucho un narrador en tránsito, o personas que no sienten relación con la patria, o con nociones de estabilidad o identidad para siempre. Personajes que están en duda, que no saben bien quienes son, ni quieren mucho saberlo, más que emigrantes están en tránsitos existenciales, que no creen en los arraigos. En conflictos con la pertenencia, con esas nociones horribles de patria o bandera, esas cosas más establecidas, personas que más bien intentan deshacerse de esos mandatos.

Ramal (2011)

Todo parte de casualidad. Fue totalmente una casualidad que yo llegara a ese ramal, y fue un accidente que me obligó a escribir ese libro. No es que me proponga: este es un ramal abandonado, entonces voy a mostrar el abandono, te lo quiero dejar en claro porque es importante, son cosas que realmente van surgiendo, la idea es justamente no ponerme en la idea de ramal igual al abandono.

Lo que sí quería trabajar como una búsqueda es la pregunta por el tiempo, cómo pasa el tiempo en los lugares que no son centrales. Entonces el ramal más bien, más que el concreto/real, era el ramal del tiempo. Lo que me interesaba descubrir era cómo toda esa gente, y todo ese paisaje y situaciones transcurrían en el tiempo. El protagonista del libro, el protagonista subterráneo, es más bien el tiempo que el tren. Yo no voy a buscar ideas predeterminadas, justamente ahora estaba leyendo un libro maravilloso que se llama La forma inicial: Conversaciones en Princeton de Ricardo Piglia, y él enfatiza en la literatura como un misterio, como un secreto, eso que uno da vuelta alrededor de algo que no sabe lo que es, y que nunca termina sabiendo qué es. Uno parte desde la imposibilidad de hablar del abandono, de los seres desposeídos, de esa idea, la idea es hacer una escritura que no cierre, que no juzgue, sino hacer una escritura que abra.

La Caldini

En El futuro es un lugar extraño (2016) parto de situaciones que yo viví o que vivo en mí andar cotidiano, que las voy pensando literariamente, y al pensarlas así de inmediato se van separando de tu biografía. El personaje está construido a través de una duda, de una mirada. Generalmente trabajo los personajes a partir de una pregunta, se hacen una pregunta y el libro es el trayecto hasta que esa pregunta ya se acaba, y pasa a otra por lo general. La pregunta sería como coexisten la mujer de 22 años y la mujer de 40, en qué se relacionan, en qué momento se cruzan y se descruzan.

Los procedimientos

Yo creo que uno parte de una situación real, y ahí viene una cosa que a mí me encanta, y es lo que me motiva de la literatura, que son los procedimientos. Yo creo que cualquier cosa pasada por un procedimiento se desliga completamente de lo biográfico y abre su potencialidad de ficción.

Voy usando muchas, el mapa o buscar las calles, y que los personajes se llamen como los personajes es un procedimiento, saca eso del realismo. Después toda la cosa del FONDART, cuando encuentro los nombres de los proyectos que son reales y los empiezo a juntar. Por ejemplo, busqué muchas cosas sobre terremotos, sobre cimientos, muchas cosas técnicas e ingenieriles, y que está todo en el libro. De repente buscaba entrevistas de gente de izquierda, del MAPU Lautaro o del MIR que estaban presos o estuvieron presos, y sacaba de ahí palabras, con eso construía el discurso. Eso es lo que más me interesa, y por ahí pasa mi imaginación, por la creación de estos procedimientos. Cómo hacer que estos materiales que son reales, se alejen completamente del periodismo, de todo lo que es informativo y transformarlos en elementos más misteriosos, que sean más abiertos.

 
 

Formatos

De repente estoy escribiendo y tengo la sensación de que me estoy aburriendo, entonces digo no puede ser esto. Soy una persona muy curiosa, por lo que empiezo a buscar formas de escritura que representen un desafío, no puedo escribir si no tengo un desafío.

Premios

Primero me sorprendió que El futuro es un lugar extraño fuera premiado, ya que de primera no tuvo mucha circulación. Siempre me dicen que es una novela más difícil de seguir. Entonces me pareció súper lindo que hubiera lectores que le dieran los dos premios, el Municipal de Santiago y el Mejores Obras Literarias 2017. O sea, hubo una lectura que realmente interesó, desde este otro lugar.

Yo creo que, para los escritores que quieran hacer una carrera literaria, los premios son súper importantes porque son los que te van abriendo el interés de las editoriales, de los agentes. Los premios son una de las maneras de construir carreras literarias. Para mí no, son cosas azarosas, no participo mucho de concursos, la editorial fue la que lo mando, a mí no se me habría ni ocurrido. Me gustó mucho ganar el dinero (risas), que estoy invirtiendo en escribir la próxima novela. Yo creo que los premios sí son una construcción de carreras de escritores, porque como está construido el mundo, donde hay tantos escritoras y escritores y hay pocos que los reciben, eso va armando el mercado editorial.

Bilanzamiento

No fue una elección publicar En obra en Mundana; se me acercó Macarena García Moggia justamente cuando estaba recibiendo el premio, y me propuso si quería escribir un texto de 40 páginas, y fue eso lo que me llamo la atención. Podía escribir cualquier cosa pero en 40 páginas, y me pareció divertido porque además tenía 2 imágenes que quería escribirlas, pero no se había presentado la posibilidad, las tenía guardadas. Después, como a las 2 semanas que ella lo propuso, me llamó una amiga escritora y editora que se llama Daniela Alcivar Bellolio, que está editando en Turbina de Ecuador, y me dijo: oye, quiero publicarte, tienes un texto de 40 páginas, por lo que dije: ya bueno, entonces sale también en Ecuador.

En obra

Está pensado como un libro con dos entradas, incluso había pensado la idea que quizás una pudiese entrar por adelante y la otra por el final, pero se hizo finalmente así. Están separadas por la foto, no tiene nombre justamente por eso. Me da curiosidad ver cómo el lector puede relacionarla, es como tirarle una pista para ver qué pasa con eso. Me encanta esa idea sebaldiana, y que también está en Luis Sagasti, de que tú tienes dos puntas de la madeja y debes acercarlas, y tienes que empezar a urdir para que se relacionen, entonces ahí utilicé la idea de los pájaros, y la idea de la dificultad para comprender. Yo me alejé del periodismo, y una vez un editor me dijo una cosa que me pareció genial: me había pedido un artículo, más literario por supuesto, se lo entregué y me respondió: mira lo que me pasó, mientras lo estaba leyendo lo encontraba excelente y no podía parar de leer, pero cuando terminé me pregunté de qué se trataba y no supe decir. Yo creo que esa es mi literatura.

Lo que pasa es que yo no tengo esa capacidad que tienen otros escritores de saber de lo que están escribiendo, son como investigaciones literarias. Voy cambiando los títulos, y es una buena manera porque a medida que voy cambiándolos voy haciendo los focos. Pero me encantan esas zonas ambiguas, y no es nada nuevo, lo estoy leyendo en Piglia que está en Onetti, me acoplo a esa tradición, pero no es algo que inventé yo.

La literatura chilena desde Argentina

Se ve bien creo yo, no leo tanto dijéramos, leo lo que puedo, a los amigos míos que están escribiendo. Me parece que lo más interesante es la diversidad. Lo que todavía siento es que en la literatura chilena hay una columna está muy pegada a lo real, falta un poco más desmarcarse del mercado. No es que cierta literatura chilena sea realista sino que hay una tendencia, tal vez, por cuestiones del sistema liberal a ultranza, a quedarse en lo literal para construir libros legibles. Un país con más lectores como Argentina, con más diversidad y con más espacio civil, se permite tener en su tradición literaria, un espacio mayor para lo ilegible, lo que no es fácilmente digerible. Por ejemplo, en Argentina mis libros “Poste restante”, “El futuro es un lugar extraño”, y ahora “Los perplejos” (2009), no son considerados difíciles. En Chile sí. Pero lo que me parece muy saludable es que haya diversidad, de repente veo los resultados FONDART y no conozco a nadie. Lo que sí me parece que falta son más librerías, una mayor circulación, por ejemplo acá vas a las librerías grandes, comerciales, y están todos los libros de las editoriales alternativas y visibles, no escondidos en un estante, no los ponen en el pellejo, no se les ocurriría ponerlos en una carpa del pellejo. En Chile las editoriales independientes aún están en un segundo orden, aparte hay pocas revistas para comentar, eso mata la circulación.

Formar escritores

Estoy haciendo clases en la Universidad, en el Universidad Nacional de las Artes, dependiente de la Universidad de Buenos Aires, en una carrera que se llama Artes de la Escritura. Personalmente no creo que un escritor necesite pasar por un taller. Nunca fui a talleres. Lo que sí he visto, y que trabajo justamente, es la mirada. Las personas que van a talleres cambian su manera de leer, y en eso cambian su manera de escribir. Hay un aprendizaje de cómo leer, es imposible escribir sin aprender a leer, no te digo de una manera lineal, sino de una manera más interpretativa. Lo que pasa es que acá la gente va mucho a talleres, no principalmente escritores, hay muchas personas que no se van del trabajo a la casa, sino que buscan un espacio de crecimiento personal, y los talleres son eso, son instancias que permiten estar 2 horas hablando de cosas que no existen; es un lujo, un lujo que acá la gente toma, no van al shopping. No pasa solo por ser escritor, o por querer ser escritor.

Literatura y feminismo

He visto que están publicando y haciendo circular más escritura de mujeres, no sé si hay más mujeres escribiendo. Lo otro es muy machista, decir que por el feminismo hay más mujeres escribiendo, hay una visibilización en general.

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FRAGMENTO DE

En obra

(Mundana, 2018)

La primera vez que entramos a la tapera, del cielo cuelgan cables, planchas de telgopor, babas del diablo. Se llevaron todo lo que era susceptible de usar o venderse; los chicos de la escuela todavía deben venir a jugar a la casa abandonada. Un grupo de botellas, los restos de una fogata, la base de una letrina. El baño que hay adentro debieron construirlo después, y para eso achicaron el segundo dormitorio: apenas cabe un inodoro y un lavatorio, la ducha debió ir al centro, arriba. Cuatro ventanas pequeñas tienen por función recibir luz; una sola da hacia el jardín de atrás, donde descubrimos indicios de un corral, una huerta, los palos donde ataban a los caballos.

El terreno originalmente fue solo uno con el del vecino. Se lo regaló el patrón a dos hermanos que trabajaron desde niños en su campo y que, debido a su edad, ya no le servían. El que construyó esta tapera murió en su cama. En el cuarto al que se ingresa desde la calle, donde lo velaron, debieron tener un par de sillas como en una sala de espera. Una falsa pared de durloc y una cortina la separan del interior de la casa adonde no entran las visitas. En lo oculto quedan la cocina, el baño y los dormitorios. Da la impresión de que vivían en un laberinto, como si hubiese tenido lugar un proceso de subdivisión forzada en el que cada uno cedió algo de sí. La vista principal es hacia el interior: se miraban las manos, el plato, la comida, las baldosas rosadas con flores. Debieron vivir años sin aislante y, cuando pusieron el telgopor bajo las planchas de cinc, el cielo falso les quedó pegado a la cabeza. En el muro de la cocina subsiste un trozo de tubería de la estufa a leña. Las visitas, en la antesala, disponían de la única vista hacia el horizonte.

Los primeros golpes que los albañiles, comandados por el constructor gigante, les encajan a los muros, parecen tumbar una civilización —un rancho más que se deja, allí donde se muere una senda, allí donde los pastos se quejan y el viento se aleja silbando, caía la paja, piedras caían, otra cocina sin brasas, otro ranchito sin dueño, otra tapera tirada sin tropa, fogón ni aguada—. Golpean de arriba abajo sin guantes o ropa larga, y a la tarde se van llenos de arañazos. El ayudante recoge los escombros para tirarlos en el volquete, los albañiles van más rápido que él, que es joven y tiene novia a la que escribir wasaps.

Nos asusta la velocidad con la que desaparece la historia de los hermanos a los que el patrón les regaló el terreno para que construyeran su transición a la muerte. No estamos preparadas para comenzar otra. Menos mal que los cuerpos tatuados de los albañiles que trae el niño gigante todas las mañanas en el viejo Falcon atado con alambre, no tienen las espaldas anchas, los brazos musculosos, las manos firmes con el mazo o ¡el puño en alto! Son flacos o inflados de cerveza, les faltan dientes, les sobran cicatrices y, aunque conocen el secreto para derrumbar muros, en la humedad del verano pampeano, rodeados por los escombros de la civilización que el ayudante retira morosamente en la carretilla, el desgano se va apoderando de la obra. Cada vez que abro la primera hoja de la tranquera y arrastro la segunda, los encuentro soñando sobre los pedazos de cielo falso a la sombra del paraíso. Me entero de que este no es su oficio, dependen de lo que encuentran en el mercado del trabajo al que tienen acceso en sus intercambios sociales; ahora están aquí reunidos por el niño gigante para hacer de albañiles. Él los trae y los lleva 40 kilómetros todos los días. Las herramientas son las que caben en el maletero del Falcon y en un carrito que pasa meses con la rueda pinchada. Si no, se pincha la carretilla.

Me preocupa el niño gigante, tengo la impresión de que se aburre. Cada vez que le consultamos por la obra, nos cuenta una historia. Le digo a mi novia: al niño gigante le aburren las obras. Ella cree que también estoy haciendo literatura. Busco el significado exacto: una persona aburrida es la que desearía estar implicada y que la actividad le resultara satisfactoria, pero no lo consigue. Qué extraña ficción para medir el aburrimiento.

(Publicado en la edición de diciembre 2018)