Reseña

El amor de los salmones

FRANCISCO MOLINA
Los libros de la mujer rota
127 páginas

POR BRENO DONOSO

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En una libreta anoto impresiones sueltas sobre este libro: porno hipster / sintonía cósmica / prosa robotizada / abulia / formas del ocio / sinestesia / tensiones y contradicciones sobre las relaciones afectivas, etcétera, hasta que encuentro el punto de fuga: al develar parte de mi proceso de lectura acerca del libro señalo parte del proceso que Molina utiliza para la escritura de “El Amor de los salmones”: des-montajes y desdoblamientos.

El libro está conformado por 7 cuentos y un texto botánico-ficción. Este libro sintoniza con la experiencia de las narrativas híbridas: amasijo de cuerpos prosaicos y poéticos, disociación de registros y escenas, fugas de tiempos y espacios. Las temáticas de los cuentos tratan, preferentemente, acerca de las evanescentes y caprichosas relaciones afectivas contemporáneas, inmersas en los tiempos de los dispositivos y aplicaciones para sexo y citas, donde gestos súbitos y dependencias abúlicas sobreviven entre muros y aire viciado. Horas de ocio y obsesiones. Sobre todo, mucha obsesión. Vivir, experimentarla, en un intento de desglosar las maníacas trasmutaciones del afecto y la subjetividad de las parejas.

Este libro está entregado hacia al infinito scroll de las prácticas zombis del sujeto globalizado, referencia a la Bioguía o a los memes explicativos de Pictoline. Su lenguaje posee el ritmo de una conversación de WhatsApp, otras veces se inscripta en el inconsciente del hablante y otras, abandona toda pretensión y exhibe el deshilache, los desajustes de la misma construcción narrativa.

La posmodernidad ha barrido con la secuencia tradicional-lógica de la narrativa, estableciendo a través de fragmentos, ruinas, intertextualidades, calidoscopios, toda una manera nueva de hacer y des-hacer con la palabra, sin embargo, ¿hasta qué grado el autor escribe para sí y hasta qué grado lo hace pensando en un público? En “El amor de los salmones” los 7 cuentos entretienen e interpelan con situaciones cotidianas, estableciendo un diálogo con el lector, pero el último texto produce ruido porque es demasiado ajeno al conjunto, parece colado forzadamente. Molina da cuenta de este giro en el mismo libro reconociendo que la idea emanada de la postulación a la beca de creación del Fondo del Libro ya no lo convence pues ha madurado la ceguera de dependencias afectivas para finalmente reconocer la importancia del trabajo en colaboración, añadiendo, pues, un texto final donde se alterna la ficción y la botánica. El problema radica, entonces, en el capricho del escritor y no en la atención hacia un posible lector que quedaría trunco una vez más por des-gracia de la posmodernidad líquida y vacua. ¿Hasta qué punto el entramado híbrido de un libro puede ser legible y hasta qué punto pierde sentido, volviéndose un pegoteado antojadizo de caprichos y muletillas? ¿Cuánto de lo escrito según esas (anti) formas puede ser legible para un lector común? Todavía más grave cuando en el caso de este libro se enfoca hacia un público joven.

(Publicado en la edición de octubre 2018)