LIBRES CREADORES

CIUDAD BÁRBARA

ROLANDO MÁRTINEZ
Das Kapital
90 páginas

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SOBRE EL AUTOR:

Nace en Arica en 1979. Profesor de Educación Básica. Publica los libros “Yeguas del Kilimanjaro” (La Liga de la Justicia Ediciones, 2015; Maki_Naria Editores, 2015), “Cuaderno de Croquis” (Libros del Pez Espiral, 2018) y “Ciudad Bárbara” (Das Kapital Ediciones, 2018). Ha obtenido diversos reconocimientos literarios, entre los que destacan el Premio Juegos Poéticos y Florales Gabriela Mistral, el segundo lugar en el Premio Lagar y la Beca de Creación Literaria del Fondo del Libro (2012, 2014, 2015 y 2016).

De “Arquitectura del enjambre” 

6 PM sobre La Sanjo 

 

Anochece sobre la fonola de la San José: 

 

los barrios liberan su lenguaje. 

 

¿Qué es el frío en la pobreza si el pasado finge 

un dedo malicioso que hace cruces en la espalda? 

 

Saben de esto inquilinos 

como el yugoslavo Tancho Brizic 

dos huasos que se dedican a la pesca 

un boliviano con los pies 

irresolutamente putrefactos. 

 

Anochece sobre grandes porquerizos: 

 

las ampolletas poseen un corazón 

semejante al de las ballenas. 

 

Se despiden turbulentos vapores 

vahos de caldo, causeos 

fritangas y sustancias peligrosas 

hasta la palabra fuego. 

 

El cuerpo es un proyecto melindroso 

aún así los sueños pesan 

como bolsas de pan. 

 

Anochece sobre grandes fogones 

 

nadie habla de humedad 

los espejos son desnudos alfiles del silencio. 

 

Anochece sobre el barrio 

mientras la noche se acopla entre los huesos. 

 

Se muere la brasa de un cigarro 

desaparecen ambulantes 

viajeros, madres jóvenes. 

 

Lo que acaso bajo el cielo es un rastrojo 

lo que acaso se adormece y multiplica. 

Matiné 

 

Corre el conscripto al regimiento. 

 

Duerme el vendedor de cigarros importados. 

 

Una señora corta el pelo a su hijo perdido. 

 

La higuera zumba ardiente bajo un cielo turbio y 

de basalto. 

 

Se expande la miseria entre gallinas y mamíferos 

muñecas decapitadas, conchas de almeja 

yuyos malheridos y una bicicleta. 

 

Al corazón del patio trasero 

regresan pescadores y ambulantes: 

 

el fuego hace danzar sobre el espejo 

fáculas de alguna mala yerba 

que atesora la inmortalidad. 

 

El día se prolonga al fondo del cubículo 

en los zapatos vacíos y en una colombiana 

que estira sus brazos de norte a sur: 

oda a una cereza negra 

que madura sobre el andamiaje. 

 

Por lo pronto gatos y gallinas escudriñan 

 un cardumen de esqueletos 

y abandonados pulgones bajo la higuera piensan: 

fin de la matiné. 

Crónica del ambulante 

 

“Uno cree que se las sabe todas” 

 

eso decía mientras cambiaba 

los canales de la tele. 

 

Uno cree que el dolor no existe 

si se tiene un catre donde echarse 

 a dormitar un viernes por la noche. 

 

Uno se llena la boca con fideos 

y mastica acompañado de la imagen del espejo. 

 

Uno se mira y piensa: 

 

hay otros más pobres 

que la luz de las estrellas viejas. 

 

Uno cree que jugando loto 

se le pinta los pezones a la muerte. 

 

Uno liquida la mala fe 

juntando deudas y la bomba cuatro. 

 

Uno cree que la luz es un gorgojo  

que perfora las paredes 

pero apenas es un piélago rebelde 

como el duelo de los gatos en los meses 

de la sed y la intemperie. 

 

Uno no sabe nada, es cierto 

pero al menos cimbra en el cuerpo 

la marca de un fuego irredimible: 

 

calzones resecos 

meneando su apocado brillo en los cordeles. 

 

La ciudad: todo lo que sobra a este cuarto redondo. 

 

Niños que hablan de fútbol 

como si evocaran brasas 

o carbones en la oscuridad 

 

De “Pedro Montt s/n” 

Inventario 

 

El profesor básico luce un poster de Britney Spears. 

El vendedor de isapre, la bomba cuatro. 

Los jubilados sacan la cuenta de ciento treinta 

papas rellenas 

vendidas a quinientos pesos cada una. 

El bailarín vigila un retrato de James Dean 

(echado sobre un sofá-cama). 

Los artesanos cargan dos sacos de collares. 

El tinterillo repasa un código civil obsoleto. 

La solterona, llama a la radio. 

 

15 

 

Algo malo debe tener el trabajo 

o los ricos ya lo habrían acaparado 

alega compungido 

Mario Moreno Cantinflas 

en la TV del tinterillo. 

 

La virtud de la frase es como un pájaro que 

espera el fin de la llovizna 

 

—un tiuque un carancho 

un gorrión guisado en el vacío— 

 

para hacer del caracol 

una presea. 

 

La noche en la pensión 

saluda a sus pasantes: 

 

égloga en dos actos que ejecutan 

polillas y gorgojos en la oscuridad. 

 

En camas separadas 

los jubilados intentan descifrar 

la frase que escribieron tantas  

torrejas moscas en el aire: 

quinientas papas se constelan 

como papas quinientas ellas. 

 

(el lenguaje del insecto chusca la prosodia) 

y los ancianos que preparan la joroba 

para agregar un día más a su destierro. 

 

Olor a perro muerto 

son los dedos repartidos con sus huellas 

olorosas en la pieza de los artesanos: 

 

ojalá la metan 

diría el bailarín 

cuando temprano desagüe 

el universo su espiral asimetría. 

 

Y a la hora del guarén el tinterillo reza 

nada más un padrenuestro junto al santo anónimo 

 

una fécula de dios 

un duermevela escrito en sánscrito y en coa 

 

un sol —canícula del día muerto— 

rondas que el demonio escruta 

con su lámpara de frío en las vitrinas. 

 

16 

 

Algo suena en la radio 

mientras el profesor corrige la pobreza. 

 

De esto saben los gorriones 

al igual que esa pared donde la maestría 

propuso un recuadro con clavos del dos: 

 

pino, cholguán, la precisión, la ciencia 

 

al tiempo en que la música 

enseña su mal gusto 

y hay espacio para echarse a 

macerar junto a los huesos.