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ENTREVISTA

Todas las voces dentro de un hombre

Américo Reyes Vera (1960) ha construido en los últimos 30 años una obra secreta e ineludible editada desde su natal Curicó, Valparaíso o Santiago, como su reciente Black Waters City (990).

Qué ganas de saber cómo se formó Américo Reyes. En algún lugar deben estar Los poemas plumaveral (B 612, 1992), Boleros son boleros (Mosquito, 1995), Antología Secreta, junto a Rodrigo González Langlois (CAUM, 2001), El centinela y su cántaro (B 612, 2010), Que los cuerpos cumplan su destino (Ril, 2012), El confesionario (Ril, finalista Premio Municipal de Literatura de Santiago 2016) y El Flautista (Inubicalistas, Valparaíso 2017). Sobre su último libro y la creación poética trata esta conversación que sostiene con Felipe Moncada Mijic.

Texto: Felipe Moncada Mijic

Ilustración: Harol Bustos

En un libro anterior, El Confesionario, usabas voces de distintas personas, de diferentes edades, la mayoría gente común que narraba sus aflicciones, generalmente pasionales. Acá te cambias al uso de poetas heterónimos y agregas una trama narrativa, a partir de sus conflictos, de su vocación de cahuín, ¿podrías contar un poco cómo se gestó esa diferencia, ese paso de hablantes de iletrados a letrados?

En El Confesionario los personajes eran gente común y corriente, es verdad. En BWC la cosa se dio lentamente: primero quise hacer poesía sarcástica de autor, de ahí el título en inglés; quise ironizar en cierto modo con esa fijación tan chilena por lo extranjero y los extranjerismos... pero llegó un momento en que la cuestión se me fue de las manos y me fui metiendo en esto de los heterónimos; me di cuenta que me divertía mucho jugando a ser el antologador de autores de una ciudad ficticia; había temas y obsesiones que no eran propiamente mías pero que extrañamente me identificaban, y otros temas que por pudor era preferible presentarlos tras una máscara. Era como meterse en las patas de los caballos, muy riesgoso porque he querido contar los pormenores de un pueblucho X, y eso ya era de frentón meterse en el terreno de la narrativa, aunque quiero que mi libro sea visto como poesía, además, quise involucrarme en temas que resultarían poco creíbles si los contara alguien común y corriente, la técnica narrativa siempre se me ha presentado esquiva, así que cuando me las doy de narrador es de puro barsa que soy.

Entre narrativa y poesía no levantas muros definitivos, tajantes, ¿qué elementos narrativos reconoces en tu libro BWC, y cuáles serían los elementos de la poesía?, ¿qué piensas de las separaciones de los géneros literarios?

No hay muros tajantes, creo yo. Por ejemplo, hay quien piensa que el diálogo y la descripción son elementos privativos de la prosa, y en la poesía pueden coexistir perfectamente. Yo pretendo que BWC sea entendido como "elemento literario", por decirlo así. Como un objeto de fantasía que se nutre esencialmente de la realidad profunda. Me defino como un poeta experimental hurguete, pero tomando siempre la palabra como herramienta esencial para presentar mi proyecto. Pero te insisto: con buenos o malos resultados, a trastabillones, mi meta es siempre la poesía.

Otro aspecto que llama la atención es el contraste en el lenguaje, por un lado, lo coloquial, los vulgarismos relacionados con el bajo mundo; por otro, el lenguaje casi barroco, como de un Curicó del Siglo de Oro, una retórica brillante como piedritas de vertiente. ¿Corriges mucho, planificas la escritura para lograr ese desdoblamiento?

Ah Felipe, me encantó eso del desdoblamiento pues diste en el clavo, es justo lo que intenté hacer en BWC. Y claro, yo corrijo más de lo que escribo. Hay que poner la palabra precisa para crear ciertas atmósferas, lo cual es muy difícil de conseguir. Yo me crié en una población harto marginal y conozco el flaiterío de cerca, yo mismo soy un poco flaite, pero también como reacción a ese lenguaje burdo, soez o vulgar, es que en mi poesía trato de instalar aspectos más relacionados con la belleza, con el lirismo, con lo barroco, etc.

Con respecto a la capacidad de imitar lenguajes, entre los pájaros existe una denominación de los “mimus”, por su capacidad de imitar sonidos de otras especies, la tenca es la reina en Chile en esa materia. ¿Hay un oído especial en el poeta de captar ritmos, consonancias? Lo menciono por la gran cantidad de registros que usas en BWC.

Es que en BWC me salió el alma del novelista, que en mi caso es como decir del copuchento y del acaparador. Paradójicamente, yo soy un acérrimo defensor del individuo, (no del individualista, no del individualismo como doctrina u opción ideológica, de vida, que me parece atroz) y desconfío del literato que se siente portador de los sin voz, que pretende hablar por otros, etc. Durante la escritura de BWC llevé al límite mis capacidades de observación, con algunos personajes me costó más que con otros, es natural, era más fácil “traducir” el sentir de los “poetas hombres” de mi generación (...) Escribir como una mujer sí que fue todo un desafío, ellas tienen otra manera de pararse frente al mundo... Y también en el caso de los poetas jóvenes la cosa me complicó un poco. Los poetas “sub-treinta y tantos” en Chile se criaron con esto de la computación, son hijos de la web, lo que les abre prematuramente la mollera y a la vez les ofrece un sinfín de herramientas que antes no existían. Ahí tuve que ir cachando el mote, como decía mi tío. Remitiéndome a tu ejemplo de la avecilla sureña, que me encantó, espero haber llegado a ser la mejor de las tencas...

 

¿Qué opiniones te merecen la masificación del feminismo y la migración, como dos aristas de las nuevas realidades? Lo pregunto pues hay bastante contingencia en BWC.

Una vez en mi estado de Facebook puse NI FEMINISTA NI ANTIFEMINISTA, SINO TODO LO CONTRARIO, un estado medio parriano, medio sicodélico, medio “ni ahí”, pero con el cual engancho a cabalidad. Aunque no cacho mucho, no me gusta la prepotencia, la imposición de ningún tipo, con todo lo legítimo que puede tener el movimiento, no me gusta la descalificación absoluta del hombre como género, las actitudes agresivas, muy radicales, pueden acabar desmarcándolo todo, no comparto lo del lenguaje llamado inclusivo, qué quieres que te diga, pero por otro lado creo que el machismo ha dejado la cagá, es decir, es el ser humano sobre el planeta, entonces habría que buscar de verdad un punto de encuentro, si es eso posible. No obstante, hay un feminismo evidente en las poetas mujeres de BWC, ahora me doy cuenta que cuando una mujer escribe tiene obligatoriamente que golpear la mesa, y fuerte, tiene que hacer valer sus derechos de todo orden, vivir sin prejuicios su sexualidad, expresarla y defenderla, cualquiera sea su orientación. Si no me hubieras hecho la pregunta, no me habría dado cuenta de lo que te digo: cuando escribí desde el pellejo de una mujer, parece que me brotó el lado feminista, no podía haber sido de otro modo, las literatas de mi libro no podrían escribir recetas de cocina ni de cómo la vajilla queda más reluciente, ni de los caballitos del carruaje de su príncipe azul... Y respecto de la migración, bueno, es ni más ni menos que la historia del mundo, siempre ha sido así, siempre va a ser así.

En Curicó hay una gran cantidad de poetas; Isabel Gómez, Rodolfo de los Reyes, Leonidas Rubio, Eduardo Klein, Edgardo Alarcón, Juan Jofré, Samuel Maldonado, Eduardo Leyton, Constanza Artiz, José Tomás Labarthe, Cristian Rau, entre otros. Recuerdo la Revista Signo, que reunía a su vez otra cantidad de autores. En la actualidad existe la Sociedad de Escritores René León Echaíz, o sea, todo un mundo. ¿Cuánto de eso, transfigurado, está en BWC, cuál es tu relación con el medio de Curicó?

Yo creo que en Curicó ocurre lo que ocurre, con sus matices, en cualquier otra ciudad, lo que con el tiempo va generando amistades más o menos verdaderas, también se crean pendencias, pequeños grupillos, etc. Por supuesto que la constatación y el examen de este quehacer me han servido, y harto, para ir elaborando una que otra historia, uno que otro texto y uno que otro personaje que fue a parar a BWC. Mis amigos en general no son poetas, no son escritores ni nada de eso. De viejo me he puesto más huraño, aunque igual de repente comparto un traguito con algún colega de las letras, nunca tan ermitaño. Pero Black Waters City, (Ciudad de las Aguas Negras, Curicó en mapudungun), aparte de sus ficciones, se me transformó en la excusa perfecta para presentar mis descargos, mis desquites, mis frustraciones y alegrías y pasar piola, es decir, aquí he podido pecar y delinquir y acogerme a una serena y reconfortante impunidad... impunidad literaria, se entiende, ja ja...

En BWC usas tu «seudónimo real», Américo Reyes, como máscara de antologador. También ironizas sobre el mismo antologador que se incluye en su propia selección. ¿De qué manera esas pequeñas vanidades, esos vicios del exhibicionismo literario, «el codazo, el chaqueteo, el compadrazgo» —en tus propios términos— crees que influyen en lo denominado campo cultural chileno?

Claro, los vicios literarios determinan en algunos casos la subida o bajada de un famosillo, pero a mí pocazo me importa; para mí escribir es una cuestión personal, muy íntima y además muy placentera, yo juego y tiro la pelota y el que la agarra, bien, y si no, bien también. Hay demasiado esnobismo y amiguismo y muchos ismos más, y todos son nefastos porque todos anulan a su contrario. Pero nadie está libre, Felipe, yo mismo a veces me resiento; por salir del paso en ocasiones he sido cínico y adulador, o me he creído el cuento cuando alguien me tira flores... Recuerdo una conversación que tuve contigo y era acerca del oficio poético, y tú definiste a la poesía como “la novia eterna”, eso me gustó mucho: morirá un amor y llegará otro y quién sabe cuántos más, perderemos y ganaremos amigos, envejeceremos y la poesía estará siempre ahí como la única cosa fiel. La novia eterna.

 
 

Practicar los heterónimos parece haberse convertido en un ejercicio de alto rendimiento en la poesía reciente, el coqueteo con la narrativa, incorporación de elementos de la crónica, la ficción, la biografía, pero ¿cómo se logra la coherencia de un hablante que se inventa?, ¿cuándo detenerse?

Cuando he inventado un personaje, cuando he creído darle vida, intento dotarlo también de sus peculiaridades: es un ente fuera de mí, pero es también alguien que podría ser yo en más de un sentido. Además, ése es el juego, y es divertido. ¿Y quién sabe cuándo detenerse? Ya te dije que corrijo mucho, mucho. Me detendré cuando BWC se publique. En ese momento ya no habrá nada más que hacer. Lo que ocurre es que a veces a uno lo asaltan cuestiones muy ajenas, supuestamente, a los intereses personales y les da cabida a esas voces que lo rondan.

Hablas de tu disfrute en la escritura y al leerte se nota ese gozo, esa sensación de peluseo brillante, pues a veces: en medio de una epifanía, o de una narración, se estalla en una carcajada, es como si la seriedad fuera interrumpida por la talla para ubicarla, algo muy chileno por lo demás, por contraste: ¿qué piensas de aquellos, aquellas, que cultivan una literatura del sufrimiento, o de la reflexión profunda, metafísica?

Siento en verdad mucho respeto por aquellos y aquellas que cultivan una literatura del sufrimiento, una literatura del abandono y el hastío, que a fin de cuentas eso es la literatura: la constancia de las contradicciones humanas, de lo terrible del vivir. Yo pretendo escribir desde un supuesto júbilo, va más acorde con mi temperamento, siempre estoy celebrando no sé qué y eso lo vierto en mis textos, desde un enfoque de denuncia o de resignación, que puede ser leído como humor o como hueveo, por decirlo en buen chileno, pero sin perder el hilo, eso sí, atento a los ruidos interiores que me conectan con los demás, con el entorno, aunque suene raro expresarlo así. Hartos poetas de BWC son profundos y metafísicos, son serios y enojones ¿o no? La rabia o pena o culpa o la emoción que sea, el escritor consciente debe ser capaz de exponerla sinceramente y con desgarro, solo así hallará al lector verdadero, al busquilla. Y en el caso de la creación de personajes hay que echar mano a las herramientas que entrega el oficio, a la técnica intuida o descubierta, al trabajo incesante, etc...

La vanidad del artista, el ego como motor de discordias, el arribismo social, aparecen con frecuencia en el libro. Una especie de soberbia de quien cree estar en el ombligo del mundo, ¿qué crees que un autor debe esperar de su trabajo?

Hace un tiempo discutía con alguien acerca del ego del escritor. Este punto hay que tratarlo con mucho cuidado porque da pie a conclusiones erróneas y a prejuicios. El ego como motor de discordias, la vanidad, el arribismo social... afloran como aspectos negativos solamente en la especie humana, no son privativos de un grupo determinado ni de ninguna raza ni nada de eso. ¿Acaso no son vanidosos y arribistas muchos deportistas o gente de la TV o dirigentes vecinales o feriantes... o algunos poetas? Desde luego existen, por cierto, muchos deportistas de bajo perfil, austeros y sencillos, hay gente de la TV amable, dirigentes vecinales y feriantes y algunos poetas muy generosos, que no miran en menos a nadie. No sé los demás, pero de mi trabajo literario lo espero TODO, es decir, tranquilidad espiritual y uno que otro lector que de tanto en tanto me pregunte por mi salud.

En distintos momentos del libro incorporas narraciones completas, que podrían ser cuentos breves. ¿Has pensado en trabajar obras netamente narrativas, abandonando el verso y la prosa poética?, ¿te interesan el cuento tradicional y la novela?

Nunca podría abandonar el verso, la prosa poética, aunque a veces me ponga narrativo, o medio cuentero. El esquema de una novela, la técnica de su escritura... ha constituido para mí siempre un misterio, un límite. Escribir una novela es una pega de proporciones, yo no podría hacerlo.

¿Consideras importante que un narrador tenga una identidad territorial? Ponte tú, en los usos locales del lenguaje que configuran su brillo propio. Pienso en el uso coloquial, o en la oralidad capturada por la escritura y lo difícil de su traducción, por ejemplo.

Tú sabes que un relato no es literatura hasta que se escribe, y eso se prueba con la tinta y en el papel. Cada autor dispone de sus métodos para comunicar, hay recursos que pueden ser más atractivos o más fáciles, eso depende de cada uno. Aunque en todo momento atento a las vicisitudes y contradicciones humanas, no sé si es un defecto, no sé si es bueno o malo que en mi caso esté siempre hablando desde mi condición de maulino, a veces tácitamente, sacando a flote vocablos, expresiones, leyendas, aves, árboles y enarbolando un sinfín de aspectos que son propios de esta zona, eso me gusta mucho, me esmero en que mi trabajo sea reconocido y leído de ese modo. Ahí está la habilidad, la pega del escritor: comunicar con el lenguaje que conoce. Un lector atento siempre va a descubrir la honestidad o la impostura.

¿Qué narradores lees?, ¿qué narradores actuales en Chile están haciendo un trabajo que te interese, o con el cual te interese dialogar?

No dispongo de mucha información sobre la narrativa chilena actual, pero sí puedo decirte que Claudio Maldonado con su Piel de Gallina me dejó turulato, encontré genial el manejo que hace del sarcasmo utilizando también elementos de la fábula, y otro escritor joven que me parece admirable es Luis Herrera, leí con mucho placer La lámpara de Kafka. Últimamente estoy leyendo con mucha curiosidad a Bolaño, reconozco que estaba prejuiciado, pero el hombre en verdad se las trae, hay mucho que aprender de él.

Para cerrar, ¿podrías resumir en tus palabras, para qué tipo de lector fue escrito BWC, cómo te gustaría que fuera leído?

A mí me gustaría que todo el mundo lea mi libro, que se piratee de lo lindo y que se diga que por primera vez en Chile un libro de poesía da tanto que hablar... Dicho a quemarropa: BWC es una fábula muy seria de una ciudad picante pero pará en la hilacha, y por lo mismo también es hueveo, es un juego, una invitación a relajarse, a no ser tan graves. Mi libro es mi manicomio personal. Si alguien se entretiene un rato leyéndolo, me doy por pagado.

 

 

 

RESEÑA

¡Jurado del MOL, Américo Reyes es chileno!

Black Waters City

Nueve Noventa ediciones

219 páginas

Por Matías Ávalos

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En su Breve tratado de ontología transitoria, después de presentar tres tipos de dioses, el de las religiones, el de la metafísica y el de los poetas, Badiou concluye: el imperativo del poema estriba hoy en día en conquistar su propio ateísmo. Una idea similar trabaja la filósofa Silvia Schwarzböck, ella plantea que, terminados los temas sagrados, no hay posibilidad de temas profanos, ergo, de ser un poeta maldito. Sin embargo propone que, dentro del capitalismo post caída del muro, el último resquicio de sacralidad radica en el éxito y que, en esta etapa hipertrofiada de capitalismo que es el neoliberalismo, el éxito es un éxito de una clase compuesta siempre por una sola persona, es decir, uno de los nombres propios.
Américo Reyes Vera hace dos movimientos interesantes que ponen en acción la tesis del filósofo francés y de la filósofa argentina, porque a diferencia de la filosofía que busca pensar, el poema es un pensamiento en acción.
i) El dios de los poetas, siguiendo a Badiou, nace en el romanticismo y en especial con Hölderlin, que propone a su falta como proveedora del encantamiento del mundo a los poetas. Los poetas serían estos que vienen después de la falta/muerte de dios, seres nostálgicos que encarnan ese vacío. Pero Reyes arma un mundo, es decir, ocupa el lugar del demiurgo/dios al interior de una ciudad, Black Waters City, y al sexto día no pone animales y humanos, sino poetas.
ii) 24 heterónimos, nombres propios con biografías complejas, peleas, relaciones, ensayos, anécdotas y sobre todo buenos poemas componen este libro intenso, recursivo, inteligente: total.

Martín Gambarotta dice que no lee novelas porque solo le interesa de la literatura los momentos de mayor concentración, lo demás lo descartaría, por eso escribe poemas. La novela fue el género del 19/20 por excelencia, dentro del género, las más arriesgadas y radicales, salvo excepciones, fueron las llamadas novelas río.
Retomando la idea de Schwarzbok, en esta época la única posibilidad de sacralidad/profanidad, de conquistar el propio ateísmo, está por el lado de los nombres propios. Américo Reyes no escribe una novela, sino que ocupa de la novela los elementos que le sirven: «su carácter abierto y su capacidad de articular elementos diversos en un relato complejo» (Wikipedia, 2019) y reemplaza los tomos de las novelas río por nombres propios, por autores; luego del ensayo toma lo que puede aportar al interior de una lectura cuando no busca demostrar sino alumbrar(se); con el poema hace cosas así: «Durante un lunes sin importancia / la madre le preguntó a su muchacho / «por qué no navegas». A lo que el muchacho contestó / «porque no tengo bote». La madre al punto prometió / «yo te haré un lindo bote». / Y se internó en el bosque en busca de maderos. Y / con los clavos suficientes y una recia tela / construyó uno de esos veleros capaces de resistir / la más brava jornada. / / Cierta vez que el muchacho regresaba / de sus excursiones por el Vichunquén —el inexpugnable, / voluptuoso lago— la madre le preguntó, en son de reprensión / «por qué no te casas». El muchacho le confesó llorando / «es que no conozco a ninguna muchacha sangrante». / Nostálgica, la madre le contó que hacía muchos años / se había establecido en el pueblo una muchacha sangrante, a / la que le gustaba coleccionar caracoles, según se rumoreaba, / y que desapareció poco a poco, / entre rumor y rumor. / Al cabo de muchas primaveras / la madre le sugirió a su muchacho, como ordenándole / «por qué no te mueres. Aprovecha ahora / que hay niebla y estás sudando». / Pero el muchacho le respondió «no tengo tiempo». / Entonces la madre, metiéndose las manos adentro / del bolsillo de su delantal, sacó algo / que se le resbalaba entre los dedos / y lo puso ante los ojos del muchacho y le dijo / «aquí tienes todo el tiempo del mundo: todavía / te falta saber quién fuiste».

El ejemplo es lírico, porque este rasgo resalta en el libro, sin embargo no es un libro lírico, también hay anti poemas, que no son los chistes cortos que entienden algunos por eso, sino formas rigurosamente llevadas a cabo, en general endecasílabos, que utilizan un léxico coloquial para aterrizarlo, entre otras cosas. Y si creemos en el fondo del poema como forma de categorización, hay poemas feministas: «Has de saber que me instruí en el arte de abrir bien los ojos / para que entrara tu imagen multiforme a mi cerebro. / Y exhibirla como trofeo de guerra en estas páginas, algún día».
Poemas mapuches: «Sí, madre: he visto cómo / el río se mete en el río. / No es como cuando la llamareja / se mete en la llamareja. O la brisa en la brisa. / O el polvo en el polvo. / El río se mete en el río / yo todo cambia. / Sí, madre: he visto / cómo tú no dejas de ser mi madre / y cómo yo / no dejo de ser tu hijo».
También poemas históricos del pensador de BWC, que además de cartas históricas aporta el ensayo Hacia una poética de Black Waters City cuyo estilo y desparpajo no tienen desperdicio. Hay poemas metafísicos: «fui a los lugares donde la gente busca el amor / no donde lo encuentra». Y finalmente poemas políticos radicales del único antologado que sospecha de la realidad, el único que, nos enteramos en una anécdota escrita por otro antologado, sospecha que Américo Reyes los escribió a todos. Julián Leopoldo Rex escribe en un poema titulado La vida como un sueño y que debería ser el único prólogo de este libro extraordinario y que elijo como final de este texto acerca, a partir de, un texto que me significó una experiencia, la experiencia de «una desnudez que trascendió la piel / y sus empalmes para que tú, lector taciturno, / contribuyas con tu cuota de complicidad / y celo».

(Publicado en la edición de abril 2019)